Nuestros textos de ficción

La habitación se hallaba en penumbras. Una tenue luz blanquecina se colaba por debajo de la puerta.

Despierta sobresaltado como quien lo hace de una pesadilla. En seguida advierte que se encuentra en la misma habitación que, podría haber jurado, había sido la de su sueño. Qué era ese lugar, dónde estaba?

Lo único que sabe con certeza es que no ha llegado allí por su voluntad. De eso está seguro.

Se siente confundido, aletargado. Su mente no funciona correctamente. Los pensamientos se le escurren, los recuerdos son vagos.

Seguro que lo habían drogado. Sí, era eso. Ya conocía esas drogas, te quitan la voluntad, te transforman en lo que ellos quieren.

Hace un esfuerzo por conectarse con su entorno, con los sonidos que percibe. Nota que está a oscuras en la habitación y que el silencio sólo es interrumpido por algunos extraños alaridos que provienen de afuera, como de lejos.

Estaba en una cama, mirando hacia la puerta. Intenta mover sus brazos y no puede. Lo habían atado, sus muñecas sujetadas a los barrotes de la cama. Tenía una vía conectada a su brazo. Claro, de ese modo, pasándole los químicos que ellos acostumbran administrar lo mantenían controlado, inmovilizado.

Malditos! Qué le habían hecho?, se preguntó.

Siente una puntada fuerte en su rostro, a la altura del ojo derecho. Nota que lo tiene tapado, una venda o algo parecido se lo cubre. Un dolor agudo que comienza a ganar intensidad, lo termina de despabilar.

De repente, supo dónde estaba. Los recuerdos se ordenaron y todo cobró sentido.

Finalmente lo habían atrapado. A pesar de sus intentos por escabullirse, lo habían logrado. Había caído prisionero de sus enemigos. Ahí estaba, en su poder, indefenso, en una habitación de dos por dos, a expensas de lo que ellos quisieran hacer con él.

Oye pasos del otro lado de la puerta. Gente yendo y viniendo que proyecta sombras intermitentes en la luz que se cuela por la hendija. Agentes del enemigo, sus enemigos.

Pronto vendrán por él, a interrogarlo, a extraerle información.

Ya habían estado allí más temprano, podía recordarlo vagamente. Pero luego de observarlo un rato, como quien estudia un insecto disecado, se habían retirado. Aún en su estado de semi conciencia escuchó que hablaban entre sí, en voz baja. …casi muerto,…la piel debajo del ojo derecho…, forzaron la cerraduratijera en la mano…

Cómo pudo terminar así? Siempre fue cuidadoso y discreto, como su trabajo lo requería. Desde hacía mucho tiempo venía recibiendo transmisiones del Comando Central, desde donde recibía órdenes, le pedían datos precisos, información que no había logrado reunir todavía. Además lo habían puesto sobre aviso acerca del enemigo. Sabía perfectamente que lo seguían, conocían sus movimientos y, últimamente, sentía con mayor convicción que era observado. Por eso había tomado sus precauciones, sus medidas de seguridad. Primero había tenido que deshacerse de la vieja del 1ero. B, una agente encubierta que lo vigilaba a través de la mirilla de su puerta, luego tuvo que desarmar el portero eléctrico porque enviaba señales codificadas al cuartel enemigo.

A veces recibía transmisiones que lo dejaban perplejo, sin saber bien qué esperaban de él. Se pasaba las noches en vela tratando de dilucidar esos mensajes.

Una de esas noches sintió la presencia de ellos ya demasiado cerca. No cabía duda de que habían logrado infiltrarse en su departamento, por eso lo conocían tan bien, lo observaban a diario, podían hacerlo, sabían cómo.

Y ahora él también.

La piel debajo de su ojo derecho estaba más tirante, se notaba rara. Se palpó la zona, había algo adentro, estaba seguro. Tenía que sacarse lo que le habían colocado. Con ese dispositivo dentro de su ojo no sólo podían ver lo que él hacía sino que también podían conocer sus pensamientos.

Fue hasta el baño, se paró frente al espejo, tomó la tijera y la acercó al párpado. Le temblaba la mano, pero no dudó ni un segundo. Clavó la punta con firmeza, abrió la piel y mientras la sangre saltaba a borbotones sintió que su cuerpo se desvanecía. Pero evidentemente había sido tarde. Ellos entraron en su casa y aprovechando su vulnerabilidad lo llevaron hasta allí.

El ruido de la puerta lo saca de su ensimismamiento. Decide hacerse el dormido, tal vez lograse escuchar algo que delatara los planes que tenían para él. Con el ojo un poco entreabierto vio que entraban tres personas en la habitación y se disponían en torno a su cama.

-El paciente ingresó hace dos días inconciente. Llegó trasladado en ambulancia por el SAME. Presentaba una severa herida cortante en la región infraocular derecha. Creemos que se la autoprovocó con una tijera que estaba tirada junto a él, en el piso del baño. Se le practicó cirugía reparadora de urgencia, pero probablemente pierda el ojo.

Es un paciente conocido en nuestro hospital, con varias internaciones por psiquiatría. Tiene un diagnóstico de esquizofrenia esquizo-paranoide con delirio persecutorio. La anterior internación se dio a la fuga, por eso lo tenemos sujetado. Se le indicó Haloperidol 5mg diarios hasta mañana que viene el psiquiatra a evaluarlo e indicar el tratamiento a seguir. Alguna pregunta, doctores, o seguimos recorriendo la sala?

Los practicantes se miraron, miraron al paciente y pensaron que era mejor apurar la recorrida para poder tomar su merecido café en la confitería del hospital.

De los loquitos mejor que se encarguen otros.

 

Cassandra Smith, 2012

De la Serie “una frase al azar” -Año 2012-