Nuestros textos de ficción

Claro que se puede vivir sin vida, claro. La tierra sigue, las nubes pasan y no dejan ver el sol. Yo las miro pasar desde esta ventana, acodado en el marco y sosteniendo la cabeza entre las manos.

Qué extraño se está cuando se está solo, en la intimidad de pensar en mi Rita y tomar con la pausa de su silencio, tomar y tomar, y ella no se queja ya.

El pulpero ni me mira, si está más resignado que yo, cree que servir mi copita es al menos servir para algo, pobre.

Quién me habrá mandado a buscar suerte en otro lado; ahora no estoy en ninguno. Esta pulpería olvidada es ningún lugar. La ventana está torcida, como el brazo del pulpero, como el ojo de ese perro que es como yo.

- ¿Viste, Cachoy, - ¿te llamás así, no? - que se está solo al pedo?

El Cachoy mueve la cola y entrecierra el ojo mocho cuando le palmeo la cabeza. Está medio grasoso, cosa rara, con lo seco que está todo.

Otra copita; igual, ya no me puedo levantar.

Si trabajar se trabajaba… por lo menos la tenía a mi Rita. Si ella nunca me pidió más, ¿quién me mandó a creer que lo mío no alcanzaba?. Con lo rico que hacía el pan.

El cielo blanco sigue pasando y me marea, no se pa qué lo miro, te juro.

Será que me imagino que ella también lo mira, ¡ay! si esas nubes fueran espejo, la vería a ella, con su cara gastada y alegre, regañándome con una sonrisa apretada.

¡Ay! Si al menos acá las nubes bajaran, me subiría a una que me llevara allá.

- Cómo la extraño, Cachoy lindo. - Mueve la cola y sonríe - ¿Vos también la extrañás? Ja ja.

Ahora, esperar. Ya no tengo cobre, ya no tengo grapita. Esperar para poder caminar. Rita me hubiera ayudado. En fin. Feo día.

 

Baptiste Emelio Reneslá, 2008

De la Serie “recreación a partir de un poema de César Vallejo” -Año 2008-