Fundamentación

Actividades de Formacion

Espacio de FORMACION TEORICA

El espacio de Formación Teórica consiste en el dictado de dos horas-cátedra semanales en las cuales se despliegan sendos Programas de Lectura de las obras de  Freud y de Lacan. La orientación de estos Programas - como puede apreciarse en su detalle analítico- es eminentemente clínica.

¿Pero qué quiere decir “clínica” en Psicoanálisis?  

Sabemos que la palabra “clínica” es un término extrapolado de la medicina. La estandarización de la clínica médica está históricamente ligada al surgimiento, en el siglo XVII, de los Hospitales. El Hospital se instituye en el lugar en el que se puede desplegar la mirada sobre los cuerpos sufrientes en busca del saber. El médico comienza a “poder ver”  la repetición de  gran cantidad de casos de una determinada enfermedad, compararlos y discutirlos tendiendo a fijar un saber clínico que establece una configuración de la enfermedad y de su tratamiento conveniente.
Cuando esto ocurre, la consideración de la particularidad del caso deja lugar a la consolidación de los signos en el “cuadro” general de una enfermedad. Entonces, la clínica ha dado un paso importante. Llegados a este punto se puede echar mano del otro ingrediente del saber médico: los tratamientos estandarizados.
Sin duda, la combinación de la clínica, así concebida, con los descubrimientos científicos (biológicos, físico-químicos, tecnológicos, etc.) ha hecho progresar a la medicina en su afán de tratar la mayor cantidad de pacientes en el menor tiempo posible.
Pero la práctica del Psicoanálisis nació resistente a la clínica concebida de esta manera. Freud ironizaba respecto de la posibilidad futura de que un descubrimiento científico permitiera situar la causa química de las neurosis que quizá, entonces, podrían curarse con alguna pastilla. Más de un siglo de práctica psiquiátrica con las neurosis (que antes se limitaba a tratar con la locura) ha demostrado que esa pastilla mágica no se ha descubierto. Así que, mientras tanto, no tenemos otra cosa que este largo y dificultoso tratamiento que llamamos “un psicoanálisis”.
La práctica del psicoanálisis, para ser tal, está obligada a tratar siempre con la excepción, lo cual obstaculiza y torna inviable, superflua o disruptiva cualquier estandarización, tanto de la  nomenclatura psicopatológica como de un tratamiento.
Un psicoanálisis supone las vueltas retóricas del deseo, el pantano de la angustia, los obstáculos de la transferencia, la opacidad de la palabra, el trato imposible y necesario con el goce. Todos puntos oscuros, velados, difíciles, en las antípodas de la claridad de un saber establecido. Si a esto queremos seguir llamándolo “clínica” -¿por qué no?- estamos en nuestro derecho. Siempre y cuando estemos advertidos de que el psicoanálisis que practicamos nos aleja del lugar de origen de esa palabra; lo que llamamos “clínica” debe ser pensado cada vez para cada análisis, desde el comienzo.
Esta salvedad no es ociosa en este lugar. Es atinente a nuestra posición discursiva e institucional transmitir desde el principio lo que el Psicoanálisis nos ha enseñado: valorar las palabras que usamos pero, fundamentalmente,  no desentendernos del hecho que las estamos usando (“Se comienza cediendo en las palabras – decía Freud- y se termina cediendo en las acciones”), pues el efecto de la palabra retorna sobre nosotros constituyéndonos, identificándonos y, por ello, dividiéndonos. También transformándonos. Se trata para nosotros, en nuestra institución, de no dar por sentado nada de lo que decimos acerca del Psicoanálisis, e interrogar una y otra vez lo que creemos saber.
Con otra salvedad: interrogar el saber está en las antípodas de cultivar la ignorancia.
Respecto del saber  solemos encontrar en la así llamada comunidad psicoanalítica dos síntomas complementarios: a la arrogancia y la impostura de quienes declaran o insinúan haberse apropiado del “saber psicoanalítico” (deberemos discutir de qué se trata semejante enunciado)  suele corresponderle la impotencia de quienes se ubican siempre demandando que el Otro sepa.
Creemos necesario una nueva apuesta: disfrutar del saber y de los saberes, de su interrogación y de su progreso, prescindiendo de su infatuación. A esto lo llamamos nuestro estilo.


El tiempo de la lectura:

Para ello es necesario leer. Y la lectura demanda tiempo. He ahí entonces, lo que este Posgrado ofrece en primer término: un tiempo para leer siguiendo un itinerario de textos que constituye una propuesta de formación.
Una propuesta de formación implica decisiones de lectura. A esta altura de la difusión del psicoanálisis en nuestro país, a nadie se le escapa que a falta de un saber constituido (afortunadamente, por cierto) toda lectura es una decisión: debemos soportar las consecuencias de lo que sostenemos en las discusiones que ojalá se produjeran. Estamos convencidos de que el Psicoanálisis actual no puede seguir diluyéndose en meras posiciones políticas de las numerosas instituciones existentes. Sólo respirará si somos capaces de imponer y renovar la discusión teórica. En esto tratamos de fundar nuestra política. Nos gustaría insistir en ese camino comenzándolo en el Posgrado.
Nuestro enfoque organiza la ilación de los textos con el objetivo de desplegar e interrogar tanto las certidumbres como las dificultades de la práctica con las herramientas teóricas que nos ofrecen las obras de Sigmund Freud y de Jacques Lacan. La conducción de la lectura se realiza con la misma perspectiva con la que se ha pensado y se dicta todo el Programa: localizar los problemas de cada análisis que se están considerando en cada problema teórico. Es hora de dejar caer de una vez en Psicoanálisis la diferencia entre “clínica” y “teoría” como si una cosa no supusiera al mismo tiempo la otra. Freud nos enseñó que la formación del psicoanalista requiere, simultáneamente, el análisis de cada uno, la formación teórica,  la supervisión y la reflexión acerca de los análisis que conduce. No hay en Psicoanálisis un “buen clínico” que no esté sólidamente formado en la teoría. A su vez, y recíprocamente, la sola lectura de los textos psicoanalíticos no constituye per se un psicoanalista. Sin el trabajo constante sobre la práctica que se lleva adelante cotidianamente en el consultorio, no hay manera de que podamos aprehender el alcance de los conceptos. Por ello, en este sentido, proponemos un segundo espacio que se verá más adelante, el Espacio de Pasantías.

Espacio de PASANTIAS:
•    Se provee la posibilidad de comenzar paulatinamente a atender pacientes con la supervisión constante y cercana de quienes dirigimos la institución. El momento en que cada alumno puede acceder a la atención de pacientes es cuidadosamente evaluada en el trabajo conjunto entre el aspirante y su supervisor.
•    Se realizan reuniones de reflexión y discusión sobre los casos abordados.
•    Se provee un espacio de lectura de textos que abordan los problemas discutidos. Esto es independiente del “Programa de Lectura” planteado en el punto A).
•    Todo el trabajo es conducido y supervisado por psicoanalistas de sólida formación.
•    La “Pasantía”, a su vez, se aboca al trabajo en dos áreas clínicas diferentes, de desarrollo quincenal, cuyos dictados se alternan el día establecido para el curso de la Pasantía.

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Cartelera - Posgrado

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